Hogar Campo “Los Espinos”: abriendo puertas a niños y niñas mediante la agricultura y el arte

Hogar Campo “Los Espinos”: abriendo puertas a niños y niñas mediante la agricultura y el arte

Ubicado en el sector San Pedro de Quillota, también cuenta con la Escuela «El Cajón», donde estudian pequeños del hogar y vecinos de la localidad

SAN PEDRO, QUILLOTA.- “Fui una niña del hogar”, dice Ana Luisa Gaete Barboza, madre de dos hijos, mientras conversa sentada bajo el marco de una puerta, en una sala del Hogar Campo “Los Espinos”, ubicado en el sector rural de San Pedro, en Quillota. El recinto, fundado en 1991 y administrado por la corporación chileno-alemana “Juntos eV”, alberga a 24 niños y niñas, de 4 a 18 años, además de poseer una escuelita agrícola para los más pequeños, abierta también a los vecinos del sector.

Ana Luisa bebe un sorbo de agua antes de seguir su relato. Viste el delantal azul de su casa de estudios, ya que hoy es practicante de técnico en Educación Diferencial. Hace seis años volvió al hogar como educadora de trato directo, para “devolverle la mano”, ya que fue su casa y la de algunas de sus hermanas durante parte de su adolescencia y juventud.

Pese a que el recinto se ha ampliado y hoy cuenta también con la escuela, fundada el año 2001, la “tía Anita” dice que las historias de los niños son similares a la suya. Llegan al hogar derivados por los Tribunales, porque deben estar alejados de sus padres, debido a problemas de violencia intrafamiliar o consumo de drogas. Otros simplemente no tienen padres ni familiares directos que se hagan cargo de ellos.

“Yo estuve en este hogar en el año 97 hasta el 2000. Por ejemplo, la carencia que yo tenía y que yo la veo muy reflejada en los chiquillos es tener una figura paterna o materna presente. Ese abrazo en las noches, ese cariño al levantarse. Porque, si bien hay niños que no tienen papá y mamá, viven 24/7 acá y ellos toda la vida, desde pequeñitos, han tenido cero reglas, cero responsabilidades y acá es todo lo contrario, porque si bien se les entrega mucho amor y mucho afecto, sí está el cumplimiento, sí está el respeto y sí está eso que no se les enseñó desde pequeñitos”, dice emocionada.

Inspiración alemana

Pero la historia de este hermoso proyecto, ubicado en un amplio predio agrícola, a pocos metros desde el camino hacia El Cajón de San Pedro, es bastante más antigua. En 1988, un grupo de jóvenes de la Comunidad San Gabriel de Lo Prado realizaba trabajos voluntarios en Buin, comuna rural al sur de Santiago. Muchos de ellos eran profesionales del ámbito social, sin trabajo y coincidían en la urgencia de generar un espacio que pudiera enfrentar la pobreza y desamparo en que vivían decenas de niños que conocieron en esa experiencia.

Entre ellos estaba Beatrix Loos, joven voluntaria alemana, quien les propuso conseguir dinero para dar forma a la iniciativa, con el compromiso de que ellos pusieran su capacidad profesional a disposición de los niños. Así nació “Juntos eV”, una corporación de voluntarios alemanes, pero con directorio chileno, que aportó el dinero para poner en marcha el proyecto y cuyo financiamiento constituye hoy el 30% de lo que la institución necesita para funcionar.
Beatrix, que se quedó en Chile para dirigir la entidad, recuerda que “para nosotros era importante el componente de la ruralidad, para salir de la miseria urbana y de las pocas posibilidades que presenta la ciudad en temas generales. Buscamos en primera instancia un terreno cerca de Santiago, cosa que no nos resultó porque estaban muy caros los terrenos. Empezamos a venir más lejos y encontramos este terreno aquí, con buenas condiciones, cerca de una escuela, con posibilidad de luz eléctrica, de agua de pozo y suficiente para cultivar la tierra y tener un proyecto de autoabastecimiento, donde podíamos aprender con los niños y tener los propios medios para su subsistir”.

El hogar fue fundado oficialmente en 1991 y diez años después, viendo los problemas de discriminación que algunos de sus niños sufrían en los establecimientos tradicionales, por su situación social e incluso por algunos niveles de discapacidad intelectual, se construyó la Escuela «El Cajón», en el mismo recinto y abierta a los habitantes de San Pedro. Entre ambos recintos hoy trabajan 33 personas, entre el equipo directivo, docentes, monitores, educadores de trato directo y voluntarios alemanes, que vienen por periodos de un año.

Ana Luisa Gaete destaca el innovador sistema educativo que posee “Los Espinos”, centrado en la agricultura, el arte y los oficios, mucho más libre que un establecimiento tradicional, pero sin descuidar los contenidos que deben aprender. Así, ellos combinan sus asignaturas con la crianza de animales, el cultivo de la huerta para autoconsumo e incluso, la formación para una futura vida laboral.

“Es diferente el sistema de aprendizaje para los chiquillos, cómo se interactúa con la tierra, el contacto con la música, con los animales, comer alimentos que ellos mismos procesan, que ellos mismos plantan. Los niños de la escuela, durante la mañana participan en la elaboración de la comida. Eso fue un cambio que implementamos hace un año y que a los niños, en realidad, les ha servido muchísimo. Si bien no todos los niños van a salir a la universidad, van a salir con cuarto medio, sí se les prepara con talleres productivos para que ellos puedan salir adelante. Con máquinas de coser, con trabajo en el campo, con repostería también… se les entrega todas esas herramientas”, dice la educadora.

Múltiples necesidades

Actualmente, la Corporación “Juntos eV”, con su Hogar Campo “Los Espinos” y su Escuela «El Cajón», es una entidad colaboradora del Servicio Nacional de Menores, Sename. El aporte que recibe por esa vía se envía a los recursos que llegan desde Alemania, a algunos proyectos y a una subvención especial, como establecimiento rural. Pero como suele ocurrir con la crianza y educación de niños, las necesidades son infinitas y el dinero no alcanza.

Días atrás, motivado por el programa “Juntos por la Infancia”, nacido de los encuentros sociales-empresariales “3xi”, el equipo desarrolló una jornada de trabajo, para definir sus necesidades más urgentes, en pos del bienestar de los niños, que sin duda va de la mano de las capacidades y condiciones de atención disponibles en el recinto. El registro fue extenso, pero no todos los requerimientos eran materiales. También hay necesidades espirituales y afectivas.
Beatrix Loos cuenta que “hicimos un listado por todas las áreas. Para mí es difícil decir si son más importantes los zapatos o las botas de agua, que las ollas o es la pintura para renovar un poco nuestra infraestructura. Necesitamos muchos útiles escolares, útiles de aseo, cepillos de dientes, desodorantes… no hay nada que no necesitemos. Pero a nosotros nos gusta que cuando nos ayudan, las personas puedan venir, conozcan un poco, se puedan encontrar con nosotros. Para los niños es importante, porque ellos buscan vínculos, ser vistos, ser queridos, que alguien venga a compartir con ellos la tarde, que juegue con ellos. Eso también es un aporte muy importante que se puede hacer”.

Visitas al hogar, voluntarios que acompañen a los niños que no salen el fin de semana, invitaciones a eventos culturales y deportivos o simplemente compartir tiempo para ayudar, ojalá de manera periódica y estable, también serán un gran beneficio para el desarrollo de estos niños y jóvenes. El hogar se ubica en la Parcela 43 A-3, hacia El Cajón de San Pedro y el teléfono es el 332 316776.

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